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Cuando el dolor y el fracaso, se convirtieron en una gran lección de vida.

dolor y fracaso

Cuando el dolor y el fracaso, se convirtieron en una gran lección de vida.


Cuando comparto algunas sesiones con jóvenes, les cuento anécdotas de experiencias de mi vida. Soy una persona a la que le encanta realizar cualquier cosa que sea nueva, innovadora y desafiante, esto explica las diferentes actividades a las que me he dedicado a lo largo de mi vida, pero desde muy corta edad tuve que aprender a manejar los problemas.

Yo regresaba de estudiar en Colombia y mi padre, al no poder atender un negocio familiar de venta de pescados y mariscos por otros compromisos, decidió encargarme totalmente de la operación.  Mi trabajo consistía desde buscar el pescado en provincias centrales manejando el camión de la empresa, hasta llevar el proceso de distribución a supermercados y restaurantes. Agregamos también exportaciones a EE.UU.  Literalmente, todo el negocio.

Trabaje durante un año con mucha presión, dificultades, muchas horas al día, para poder controlar todo el proceso, sin embargo me sucedían toda clases de cosas, por ejemplo cada embarque que enviaba, me decían que llegaba menos cantidad de producto o que se había dañado parte de la mercancía, lo que había iniciado con tantas ganas y expectativas se convirtió en mi mayor dolor de cabeza. Pienso que fue la falta de experiencia.

Fueron meses de mucha frustración, cansancio pero lo peor estaba por venir, los 2 últimos embarques a pesar de poner todo tipo de controles, para que no me robaran más, el distribuidor se declara en quiebra y nunca me pago los envíos realizados. Todo un año de trabajo perdido, créanme jóvenes, fue un golpe duro, recuerdo ir a mi casa esa tarde triste, diciéndome que hago ahora con mi vida.

Sin embargo, al pasar por un parque veo unas personas entrenando perros y me digo a mi mismo, ¿Qué me impide a mí convertirme en un entrenador de perros? Así que bajo en aquel parque, me pongo a conversar, hago amistad con la persona que entrenaba, y una cosa me llevo a la otra, quedando finalmente viajando a México.

El primer día de entrenamiento me pidieron que solo me pusiera el traje en la parte de abajo y que ellos le darían la orden a el perro que me mordiera solo en esa parte, yo solo pensaba que pasaría si se equivoca y me muerde donde no tengo protección, pero de alguna manera estaban probando mi valor, mi determinación, así que realmente estaba dispuesto, a ser lo que quería ser. Ese día el dolor más grande no fue la mordida del perro, fue la tensión y el estrés en mi cuerpo. Sin darme cuenta estaba siendo entrenado para las diferentes etapas de la vida, donde debemos enfrentar retos difíciles. Sin embargo, a pesar de que aceptaron capacitarme, lo peor estaba por venir. Mi trabajo durante 60 días era ir al parque a que los perros me mordieran, después me enteré que lo que yo hacía por determinación y valentía, otros ni pagándoles lo querían hacer. Yo había llegado de Panamá a resolver un problema que nadie quería vivir.

El aprendizaje, como coach de jóvenes, de esta historia, es que después de tanto dolor, primero siendo engañado y estafado, segundo siendo mordido tantas veces, llegue a sentirme inmune a los riesgos, al dolor y al sufrimiento. Mi mayor enseñanza de todo esto, es que la vida nos forma en cada acontecimiento que vivimos, y debemos asumir cada fallo o cada obstáculo,  como un entrenamiento para el futuro que se avecina.

Los golpes recibidos durante mi vida me han convertido en el ser que soy, mi invitación como especialista y coach de jóvenes, es que debemos estar motivados a ver la vida desde los dos ángulos, bueno o malo, es por ello que me encanta esta frase que en algún lugar leí, “Cuando la vida te tire limones, puedes quedarte allí y dejarte golpear o preparar un deliciosa limonada con ellos”

Joven, ¿Qué decidirás hoy en tu vida?, ¿Te quedarás parado viviendo del sufrimiento de la queja o serás de los que se atrevan a realizar cualquier cosa que se enfrente en su camino?, sabiendo que todo lo que se vive es una eterna ganancia.

 

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